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Desde un pueblo al mundo: la tecnología y la innovación acortan distancias para trabajar


Sin necesidad de tener pasaporte o visa, varios argentinos tienen clientes en distintos países. Cómo hicieron para conciliar su proyecto de vivir tranquilos sin descuidar su profesión.

El punto en el mapa en donde un estilo de vida tranquilo, seguro y familiero se encuentra con un desarrollo profesional de proyección internacional puede ser cualquier pueblo del interior del país. La añeja frase “Dios está en todos lados, pero atiende en Buenos Aires” podría ir perdiendo fuerza gracias al avance de las nuevas tecnologías y la cultura emprendedora.

“Tan sólo diez años atrás era inviable trabajar para una empresa internacional o capacitarte desde tu casa estando en un pueblo del interior. Hoy las oportunidades laborales y de formación existen de la mano de la tecnología”, asegura Alexandra Manera, directora de Recursos Humanos de Adecco Argentina.

Franco Seimandi recibió varias ofertas laborales de grandes empresas en Capital Federal, sin embargo, él prefirió seguir viviendo en Macachín, un pueblo de La Pampa que no llega a los 5.000 habitantes.

“Elijo quedarme aquí. No es necesario comentar la cantidad de beneficios que tiene para un chico crecer en un pueblo, ni hablar de la seguridad y tranquilidad que te da”, asegura pensando en su hija Cata, de tres años. Seimandi tiene 30 años y trabaja para clientes de distintas partes del mundo. Principalmente de México y Colombia, pero también de Chile, Bolivia, Uruguay, Guatemala, Puerto Rico, Nicaragua, España, Francia y Estados Unidos. Una buena conexión a wifi, y sus conocimientos y habilidades en desarrollo web y de aplicaciones son suficientes para desarrollarse profesionalmente desde su casa.

Se crió en Salliquelo, un pueblo de la provincia de Buenos Aires, donde terminó el colegio como abanderado de una escuela técnica con bachillerato en computación. Luego estudió Ingeniería en Sistemas en Bahía Blanca, pero la necesidad de trabajar para poder mantenerse hizo que su carrera universitaria quedara inconclusa. “Al principio intercalaba un poco de estudio con trabajo, pero llegó un momento en que ya no podía estudiar”, recuerda.

“En la secundaria hacía desarrollos web, pero sólo porque me gustaba, no con un fin económico. En la universidad, sí me tocó trabajar para alguna empresa, pero muy poco, pues en ese momento no era algo tan requerido como lo es hoy, ni tampoco tenía los medios para darme a conocer. Hoy podés promocionarte por redes sociales con poco presupuesto”, detalla.

A finales de 2012 consiguió un empleo en Bahía Blanca como desarrollador en una empresa en la que trabajaba de 8 a 18 horas. “Ganaba $6.000 y sólo de alquiler pagaba casi $3.000. Los números no daban para nada y, además, al poco tiempo me enteré que iba a ser papá”, cuenta. A esta noticia, la acompañó una recomendación para probar una plataforma de trabajo remoto e independiente. “Me registré en Workana y Nubelo (que luego fue comprada por Freelancers), y enseguida apliqué en algunos proyectos. Uno de los primeros en salir venía de Chile y era para Walmart. Todavía recuerdo lo gratificante que fue recibir la notificación que indicaba la aceptación de la propuesta. La paga eran 500 dólares que equivalía a la mitad de mi sueldo, y lo hice en dos días. Luego gané 1.500 dólares por un trabajo que terminé en 15 días. No daba más de alegría”, afirma.

Así fue como se presentó el dilema sobre qué hacer: ¿seguir en relación de dependencia o lanzarse al mundo freelance? “No fue una decisión fácil de tomar porque literalmente aplica el dicho: pájaro en mano es mejor que mil volando, pero necesitaba arriesgar porque sabía que llegar a fin de mes sería imposible”, explica.

Finalmente, se lanzó. “Una de las decisiones más certeras que tomé en mi mediana vida”, considera. Cada vez fueron llegando más y más proyectos. A su vez, esta decisión le permitió irse a vivir a un lugar más acorde al tipo de crianza que desea para su hija. “Pensamos que Bahía Blanca era demasiado para Cata y me vine a Macachín porque mi profesión me lo permite”, resume.

Así como Seimandi, son cada vez más las personas que aún sabiendo que donde viven no encontrarán demanda laboral, apuestan a quedarse en el pueblo porque cuentan con que una notebook y una conexión a Internet les permitirán acceder a trabajos que les darán el balance entre vida profesional y personal que buscan.

Juan Ignacio Haun, gerente comercial de Bumeran, asegura que esta búsqueda de flexibilidad, autonomía, balance entre la vida personal y profesional, además de salarios atractivos es muy característica de las nuevas generaciones. Según Haun, poseen una cultura emprendedora que otras generaciones no tienen. Antes se solía priorizar el crecimiento a largo plazo en las compañías; ahora, en cambio, los jóvenes buscan proyectos interesantes que los motiven y respondan a sus demandas.

“Hace unos años la gente pensaba que trabajar significaba hacerlo con una sola empresa. Eso cambió. Se prefiere trabajar “para” las empresas”, observa Alejandro Melamed, director de Humanize Consulting y autor del libro “El futuro del trabajo y el trabajo del futuro”.

Tomas O’Farrell, CEO y co-fundador de Workana, coincide en que las preferencias se han transformado. “La idea de que uno tiene que delegar el desarrollo de su carrera a una empresa y trabajar ahí todo el día está quedando atrás. Cada vez más personas quieren ser las que eligen cuántas horas, cuándo trabajar, para quién, y a eso se suma algo nuevo que es dónde vivir”, describe.

El CEO destaca cómo hace unos años para “hacer carrera” debías irte a una gran ciudad, donde estaban las empresas, mientras que ahora las nuevas plataformas permiten que las personas ya no tengan que tomar esa decisión. “Nuestra misión es democratizar el trabajo para que aquellos que sean buenos en lo que hacen puedan desarrollarse profesional y personalmente donde estén”, señala.

Por su parte, Sebastián Siseles, director internacional de Freelancer, hace hincapié en cómo las nuevas generaciones buscan la posibilidad de trabajar desde la playa o la montaña. “En Mar del Plata o Córdoba tenemos muchos usuarios. Se mudan a estos lugares porque saben que con una computadora pueden trabajar. Es una tendencia que se da, principalmente, gracias a la conectividad y que está en crecimiento”, indica.

El aumento del alcance de la conectividad a Internet en la Argentina es otro condimento importante que favorece a este fenómeno. Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), siete de cada diez argentinos está online. El incremento en cinco años del número de habitantes conectados fue del 20%.

Desde chico, Juan Castagna soñaba con vivir en Mar del Tuyú, lugar donde solía veranear. Pero dejar el oeste del Gran Buenos Aires para irse a la costa no hubiera sido posible de no ser por las plataformas y herramientas que le facilitan el modo de trabajo freelance.

“Vivir en Mar del Tuyú como desarrollador de software y otras disciplinas sería imposible. No hay empresas ni proyectos. Este pueblo se maneja mayormente del turismo y la mayoría de los comercios solo abren en verano. Las personas creen que el trabajo en informática abunda y esto es cierto para reparación de computadoras, venta de insumos y “hacer un programita”, pero fuera de Buenos Aires no hay mucho trabajo de desarrollo de software”, explica el ingeniero en Informática de 33 años. Su novia, Melisa Robles, también trabaja de forma independiente y utiliza Internet para vender sus servicios como diseñadora de indumentaria desde Mar del Tuyú hacia Canadá, Estados Unidos, México, Australia, Qatar, Francia, Dubai y China.

“Nos alejamos de la gran ciudad sabiendo que en la zona solo podríamos subsistir con esta modalidad de empleo. Realmente, nunca pensamos que vivir en un pueblo nos limitaría profesionalmente porque una vez que ingresamos al sistema freelance se derribaron todas las fronteras físicas y podemos seguir trabajando aunque viajemos”, asegura Robles, quien valora la posibilidad de trabajar desde casa viendo a su hijo “crecer en la libertad de un lugar libre de delitos”.

A la hora de capacitarse, el online también está al pie del cañón. En el caso de Robles, encuentra en Internet cursos y seminarios que le permiten seguir aprendiendo a la distancia. “El Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) es el medio que más utilizo. Claro que cuando tengo la oportunidad, viajo a capacitaciones y congresos”, afirma. Más allá del aprendizaje técnico de su carrera, la diseñadora encuentra en las mismas plataformas de trabajo remoto la ayuda constante para incorporar conocimientos sobre autogestión o gestión financiera. “La formación y experiencia que adquiero trabajando desde esta modalidad no podría adquirirse nunca del mismo modo en un trabajo normal”, destaca.

Al deseo de tranquilidad, seguridad, balance entre vida profesional y personal, se le suma también querer disponer de más tiempo para dedicarle a los hijos. Este último punto es otro aspecto al que responde la posibilidad de acceder a un trabajo a distancia. María Laura Sandoval, de 32 años, vivió en Santo Tomé, Corrientes; en Junín, Buenos Aires; en Mendoza capital; y nuevamente en Junín, donde se instaló con su hijo Viero, de 6 años, en 2012. Los títulos académicos que tiene son de formaciones que realizó en universidades extranjeras a distancia en un entorno virtual.

“A inicios del 2013 buscando empleos en Internet, comencé a ver posibilidades para trabajar desde casa así podía disfrutar de mi rol de madre sin culpas. Mi hijito tenía dos años y pasaba mucho tiempo en guardería”, cuenta. De esa forma conoció la plataforma Freelancer. A primera vista, no vio nada prometedor, así que se registró sin avanzar demasiado. Ella pretendía seguir trabajando como consultora de Responsabilidad Social Empresarial en su ciudad, pero “muchas cuestiones del contexto político y social en la Argentina, y especialmente en Junín, hacían que resulte muy dificultoso continuar con esa especialidad. Había poco interés de los empresarios de adentrarse en cuestiones nuevas”.

Melamed insiste en que la tecnología es un puente que une geografías sin encontrar barreras. “Hoy podés agregar valor en una infinidad de trabajos independientemente de dónde te encuentres porque no requieren la presencia física”, dice.

En tanto, la búsqueda de flexibilidad laboral para atender a los hijos no es sólo una cuestión de las mujeres. Cuando Martín Sauro, de 40 años, dejó Rosario para mudarse a Empalme Villa Constitución sabía que la condición era que debía ocuparse de los chicos. Una buena oportunidad laboral para su esposa los había llevado al pueblo santafesino de unos 6.000 habitantes. “Teníamos claro que queríamos vivir ahí por varios motivos: mayor tranquilidad y seguridad, mejor ambiente para criar a nuestros hijos, mejor trabajo para mi esposa. Por lo tanto, debía buscar un trabajo que me permitiera dedicarle tiempo a los niños mientras mi mujer cumplía con su horario laboral y así generar un ingreso suficiente”, cuenta. En principio, iba a continuar reparando computadoras como hacía en Rosario, pero el mercado era demasiado chico. Debía buscar otra alternativa. Fue así cómo llegó a Workana ofreciendo soporte administrativo.

Tomar proyectos independiente de forma virtual le permite dedicarle tiempo a su familia, organizar sus horarios y obtener ingresos superiores a los que tenía en Rosario reparando computadoras. “Para estar siempre inmerso en este trabajo es esencial capacitarse continuamente, lo hago online en portales gratuitos”, agrega.

Sin necesidad de tener un pasaporte, una visa o un equipaje, las nuevas tecnologías favorecen el trabajar para clientes de cualquier parte del mundo se estés donde se esté. Las oportunidades están para aquellos que buscan la tranquilidad del interior sin descuidar su desarrollo profesional. Una computadora, una conexión a Internet y los conocimientos y habilidades sobre un tema pueden ser la puerta de entrada hacia un estilo de vida diferente.

“El límite es mental cuando no es necesario que estés físicamente presente para agregar valor a tu trabajo”, concluye Melamed.

FUENTE: CLARIN.COM

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